jueves, 7 de enero de 2016

LA IMPORTANCIA DEL SUEÑO



Tanto las aves como los peces, los reptiles y otros mamíferos tienen, al menos, una cosa en común con nosotros: duermen. El dormir es una parte central y crucial de nuestras vidas. Aunque el sueño ha fascinado a filósofos, escritores y científicos durante siglos, no fue hasta la década de los 50 del siglo XX cuando se le dedicó una investigación. Desde entonces, la ciencia ha revelado mucho acerca de la estructura y los patrones del sueño. Aun así, sus orígenes y funciones siguen siendo un misterio.

Pero, ¿qué es dormir? Estrictamente hablando, el término “dormir” solo es aplicable a animales con sistemas nerviosos complejos. Sin embargo, es posible identificar estados similares al sueño en invertebrados que nos permiten ampliar la definición. Estos animales incluyen ciclos de descanso y de actividad, una posición del cuerpo típica, falta de sensibilidad y descanso compensatorio después de despertar. Los insectos en particular tienen un estado muy similar al sueño, igual que los escorpiones y los crustáceos.

Incluso los microorganismos, que carecen de sistema nervioso, tienen ciclos diarios de actividad e inactividad conducidos por los relojes internos del cuerpo. Los orígenes del sueño se remontan, seguramente, al inicio de la vida hace 4 billones de años, cuando los microorganismos cambiaron su comportamiento dependiendo del día y la noche. Algunos investigadores consideran el sueño como una parte de la continuidad de los estados inactivos encontrados a lo largo del reino animal. Una vez que conozcamos qué aspectos del organismo se benefician de esos estados, podremos encontrar una respuesta acerca de si los organismos simples duermen.

Todos los animales con un sistema nervioso complejo duermen. Hay muchas explicaciones posibles para el sueño que van desde que nos mantiene a salvo al ahorro de energía pasando por la regulación de las emociones, procesar información y consolidar la memoria.  Pero, en vez de buscar una función única y universal del sueño podemos centrar los estudios en ver qué influencia tiene a nivel de organización biológica.

A nivel del organismo en su conjunto, una función primaria del sueño es la regulación de la actividad nerviosa autónoma como el ritmo cardiaco. Los desórdenes del sueño se asocian con relativa frecuencia a una disfunción de este sistema nervioso autónomo, como un ritmo cardiaco anormal. A nivel cerebral, el sueño consolida la memoria al reducir la cantidad de información que viaja a lo largo del sistema nervioso central. Sin embargo, la consolidación de la memoria también se produce cuando estamos despiertos. Al nivel de las células nerviosas, el sueño también altera la puesta en marcha de las neuronas y cambia su distribución temporal y sincronización de disparo a través de redes celulares que pueden alterar su conectividad. La regulación de la conectividad de la célula nerviosa, llamada homeostasis sináptica, puede ayudar a prevenir que el sistema nervioso se sobrecargue. Un rol desatendido del sueño en los humanos es el aislamiento social pues, como animales sociales, es posible que debamos dormir para consolidar las reglas y conocimientos de nuestras vidas sociales complejas.

El cerebro puede estar despierto y dormido a la vez. Este fenómeno es bien conocido en focas y delfines, animales que pueden dormir “por un hemisferio”: mitad de su cerebro está despierto y la otra mitad dormido. Un estudio hecho con ratas demostró que, tras un insomnio prolongado, algunas neuronas se apagan y tienen la misma actividad que cuando el cerebro está dormido. Este estado cerebral va acompañado por ocasionales lapsus de atención. Los investigadores se preguntan si el sueño es un estado global o si el proceso de dormir puede, de alguna manera, ser regulado localmente. En un principio, parece que la opción más probable es la segunda, pues las regiones más activas del cerebro en estado de insomnio, por ejemplo, son las más inactivas cuando se duerme durante gran cantidad de tiempo.


Mientras dormimos, en el cerebro ocurren complejos cambios. Esto puede observarse con un electroencefalograma que mide la actividad cerebral y lo asocia con las ondas cerebrales. Además de los cambios en la actividad cerebral, el sueño también se caracteriza por una reducción en la frecuencia cardíaca de diez latidos por minutos, una caída de 1-1’5ºC en la temperatura corporal y una reducción en el movimiento y sensación.