jueves, 17 de septiembre de 2015

Huele a pescado



Aquellos que se preocupan por la pesca intensiva y quienes lo hacen por la comida genéticamente modificada suelen ser los mismos. Y van a ser ellos quienes entren en un dilema tras escuchar la opinión de Johnathan Napier de Rothamsted Research, un establecimiento agrícola en el sur de Inglaterra. Él y sus compañeros describen esta semana en Metabolic Engineering Communications su trabajo en un tipo de tecnología capaz de reducir considerablemente la demanda de pescado capturado de forma salvaje. Esto será posible de una forma: alimentar a los peces de granja con comida genéticamente modificada.

Además de su buen sabor, el aceite de pescado es también deseado debido a que es un alimento sano. Existen muchas cosas que puedes eliminar de tu dieta para mejorar la salud cardiovascular, pero muy pocas que puedas añadir. Aun así DHA y EPA, dos moléculas que hacen referencia a los aceites de pescado, van en contra de esta tendencia. Son conocidos por disminuir la presión sanguínea, por reducir el riesgo de arritmia y por reducir el crecimiento de placas de grasa que bloquean las arterias.

Se piensa que los peces no producen por sí solos el aceite, sino que lo obtienen de su comida. La síntesis se realiza a partir de un alga unicelular y las moléculas entonces pasan a la cadena alimenticia, primero a los peces pequeños y herbívoros y, después, a los carnívoros. Por esa razón, aunque podría ser perfectamente posible alimentar a los pescados de granja como el salmón con comida crecida en tierra, es más beneficioso que lo reciban de especies cazadas en libertad como el capelán o las anchoas, los cuales no tienen una gran demanda como alimento para los humanos y poseen altos niveles de DHA y EPA. El 10% de estas especies que se pesca acaba de esta forma.

La idea del Dr Napier es la de coger una planta que genere aceite, el eligió la Camelina sativa, añadirle los pertinentes genes de criaturas que produzcan naturalmente DHA y EPA y observar los resultados. Suena fácil. Sin embargo, ha resultado ser muy complicado. Después de numerosos malos comienzos, él y su equipo han encontrado la fórmula mágica: un gen de ácido graso que se encuentra en un musgo de agua llamado Physcomitrella patens, otro gen procedente de la Emiliana huxleyi, un alga plactónica, y así, todo puesto en un mismo ADN y repartido por una bacteria llamada Rhizobium radiobacter, capaz de inyectar pequeñas porciones de ese ADN en las células de las plantas.

Los experimentos en invernaderos fueron bien, por lo que el último año los investigadores han plantado algunas Camelinas modificadas en exteriores. A pesar de la sequía de Junio y Julio y las lluvias torrenciales de Agosto, la cosecha de DHA y EPA de los cultivos de campo fueron igual de buenos que los resultados obtenidos en los invernaderos.

Parece que no hay ninguna razón para saber por qué la Camelina modificada no debería cultivarse a mucha mayor escala. Si fuera un éxito, que lo es, dependerán de un ambiente al menos tan implacable como el mundo natural: el mercado. Pero el nuevo cultivo puede ser barato y convertirse plausiblemente amigable medioambientalmente. Ciertamente, es más saludable que la forma actual de alimentación pues, desafortunadamente para el final de la cadena alimenticia, DHA y EPA no son las únicas moléculas que se concentran en ese peldaño, sino que también aparecen metales pesados como el mercurio.

Los riesgos de esos metales son exagerados. Tendrías que comer mucho pescado para resultar envenenado. Pero existe gente que se preocupa, normalmente la misma que se preocupa por la sobre pesca y la modificación genética, y el pescado de granja alimentado mediante el método del Dr Napier podrá ser más o menos libre de mercurio.