lunes, 4 de mayo de 2015

Devoradores de gas: ¿el futuro de la alimentación?

Algo llamado Methylococcus capsulatis no suena muy apetitoso a la hora de añadirlo a una comida, ¿verdad? Pues el doctor Alan Shawn, según The Economist, ha comenzado a alimentar a salmones introduciendo un producto de estas bacterias en su dieta.

Este doctor en biotecnología y CEO de Calysta, una empresa que se dedica a la creación de productos industriales a raíz de recursos sostenibles, compró esta tecnología, desarrollada por la empresa noruega Statoil, en 2014. Desde entonces la ha estado perfeccionando.

Por suerte, los salmones no son unos comensales muy estrictos a la hora de ingerir alimento, por lo que no ponen muchos problemas en ingerir estos metanótrofos (bacterias que metabolizan metano) como Methylococcus capsulatis, que hemos comentado antes. La idea sería aprovechar el bajo precio de la propagación del gas natural producida por el fracking para reproducir Methylocci en masa.



Shaw se ha centrado principalmente en hacer la vida de estas bacterias lo más confortable posible. Debido a la geometría interna de los reactores en los que viven, está diseñada para mantenerlas en constante contacto con el suficiente metano para crecer, el suficiente aire para que respiren y el suficiente amoníaco para que produzcan nitrógeno. Además, junto con el carbono y el hidrógeno que se encuentra en el metano, se forma un bloque fundamental de aminoácidos con el que las proteínas están hechas.

La Methylococci tampoco actúa sola. Los reactores en realidad contienen un mini ecosistema que incluye otras especies de bacterias, conocidos como heterótrofos, que absorben los productos metabólicos de más rápidamente que lo que haría el Methylococcus. La adición de estos herótrofos a la mezcla, hace que Calysta pueda aprovechar de una manera más eficaz los recursos del gas con el que se alimentan sus bacterias.

A día de hoy, el mundo produce unos 5 millones de toneladas de comida para pescado por año, un número que se ha mantenido constante en las 4 décadas anteriores y que está limitado por el tamaño de la industria pesquera. La demanda, por el contrario, está creciendo entre un 6 y un 8 por ciento al año, ejerciendo presión sobre los precios. Esto ha llevado a algunos piscicultores a adoptar sustitutos a basados de soja para poder hacer frente a esta tendencia. Estos, sin embargo, pueden producir inflamaciones en las agallas de los peces. Con la solución del Dr. Shaw, esto no ocurre.

Este método desarrollado por Calysta  prevé que puede producir unas 8000 toneladas de alimentos para peces en un año, a un coste muy por debajo de los 2000$ (que es a lo que se vende actualmente la tonelada de alimento para peces) y que podría estar disponible para 2018.

Si esto llega a ocurrir, puede revolucionar la industria pesquera. Además se nos puede plantear un nuevo escenario, ya que si esto se consiguiese hacer en peces, ¿cuánto tardaríamos en aplicarlo en animales de granja? ¿Qué pasaría con la agricultura dedicada a producir alimento a estos animales? ¿Podría llegar un día en el que los humanos nos alimentemos a base del sistema del Dr. Shaw? 


Este artículo apareció el 25 de abril en The Economist.