
Cada uno de nosotros andamos rodeados de un halo único de microbios y, ahora que la ciencia es capaz de detectar ese “código personal”, ¿podemos aprovecharnos de su potencial forense?
Todos nosotros dejamos una huella de microbios. Nos sigue una
nebulosa invisible de bacterias, hongos y virus que es inevitable que pase a
todo aquello que tocamos, a la gente con la que nos relacionamos o al mismo
aire que nos rodea. Desde hace poco, hemos empezado a aprender a descifrar su
mensaje, y los resultados observados parece que pueden cambiar la ciencia forense y policial para bien.

