martes, 28 de julio de 2015

El olor del peligro




Los elefantes tampoco se libraron de la dureza de la larga guerra civil de Angola. Los rebeldes dispararon continuamente a estos animales en busca de comida y marfil, material con el que comerciarían para conseguir armas. Esto hizo que cuando la guerra terminó en el año 2002, quedasen muy pocos ejemplares. Pero desde entonces otros han emigrado desde países como Botswana, donde hay tantos individuos que escasamente tienen espacio.

Cuando primero corrieron hacia Angola, los elefantes se encontraron con una amenaza poco familiar: los millones de minas terrestres que habían quedado abandonadas después del conflicto que había durado décadas. José Agostinho, que trabaja para la plataforma HALO Trust, una organización benéfica centrada en la extracción de minas, recuerda su experiencia nada más llegar de la ciudad del sudeste Mavinga en el año 2004 para ayudar a extraer estos artefactos en un área no mucho mayor que 15 campos de fútbol. En ese terreno, vio los cuerpos de tres elefantes muertos a causa de las minas terrestres.

Desde entonces, sin saber cómo, parece que los elefantes de Angola han aprendido a rastrear y eludir las minas, dice Agostinho. El número de ejemplares muertos era mucho mayor en los primeros años tras finalizar el conflicto, y ese número se ha reducido considerablemente, dice Roland Goetz, consejero de la vida salvaje del gobierno de Angola.

La tasa de muertes por minas terrestres ha ido cayendo a medida que la población de elefantes se ha incrementado en la región angoleña con mayor número de artefactos, Kuando Kubango, localizada en el sudeste del país. Para encontrar los dispositivos que quedaron de la guerra, los elefantes son equipados con collares que cuentan con un GPS mediante el cual pueden seguirles mientras caminan exitosa y repetidamente por las áreas infestadas de Angola.

Intrigados, la Oficina de Investigación de la Armada Estadounidense ha estado probando la habilidad de un grupo de elefantes domesticados en Sudáfrica para encontrar pistas de TNT, un explosivo, entre rastros de olor de lejía, petróleo, jabón y té. Los elefantes han pasado la prueba, dice Jessica Brown, encargada de seguir la investigación. El resultado del experimento será publicado este año.

Un elefante que ha sobrevivido o ha visto la explosión de una mina terrestre puede alertar a una manada entera del peligro con un gesto o un sonido sordo dice Joyce Poole de ElephantVoices, una ONG Americana-Noruega.


Como guardabosques en el Parque Nacional Etosha de Namibia durante los años 80,  Mark Paxton encontró de vez en cuando elefantes cuya trompa se encontraba parcialmente dañada por haberse acercado a oler una mina. Ahora, los elefantes se comportan de una forma mucho más cautelosa, dice Paxton, actual propietario del Shamvura Camp, una zona de alojamiento cercana a los antiguos campos. Tristemente, gran parte del nuevo conocimiento de estos animales puede dejar de ser útil ante el aumento repentino de la caza furtiva de elefantes, un peligro que no puede olfatearse y evitarse tan fácilmente.

Este artículo apareció en la revista New Scientists
Ha sido traducido y adaptado por EXOPOL